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Arquitectos llaman atención por transformación de zonas de SD  

Fuente: Almomento.net.

SANTO DOMINGO.- Los arquitectos Luis Omar Rancier y Fernando Ottenwalder advirtieron sobre las profundas transformaciones que experimentan la Zona Colonial, Gascue, Ciudad Nueva y otros sectores históricos de Santo Domingo.

Expresaron preocupación por el incumplimiento de las normas de planificación urbana y la transformación que se está registrando, la cual –a su juicio- no solo modifica el paisaje físico de la ciudad sino también su composición social.

Durante entrevistas concedidas a Onorio Montás para el programa Revista Dominical Dejando Huellas, transmitido por Quisqueya FM, explicaron que numerosas viviendas ocupadas durante décadas por familias dominicanas han sido  adquiridas para desarrollar proyectos de apartamentos, hoteles boutique y otros establecimientos vinculados al turismo, provocando la desaparición gradual de comunidades tradicionales sin necesidad de recurrir a desalojos forzosos.

Consideraron que el crecimiento inmobiliario y el desarrollo turístico deben ir acompañados de una planificación responsable que preserve el patrimonio urbano y garantice la permanencia de las comunidades que han dado identidad a esos espacios.

PROCESO DE “GENTRIFICACIÓN”

Rancier, decano de la Facultad de Arquitectura y Artes de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) y docente de la UASD, UNIBE y la propia UNPHU, explicó que el fenómeno que mejor describe la realidad que vive la capital es la “gentrificación”, entendida como el proceso mediante el cual los habitantes tradicionales son desplazados por nuevos residentes o inversionistas con mayor capacidad económica.

El arquitecto, articulista y escritor especializado en arquitectura y urbanismo señaló que el impacto social trasciende el concepto de gentrificación y propuso interpretarlo también como una forma de «defenestración» urbana.

Recordó que la República Dominicana cuenta con regulaciones sobre ordenamiento territorial desde la década de 1940, pero lamentó que con frecuencia éstas sean flexibilizadas bajo el argumento de promover el desarrollo económico.

Como ejemplo, mencionó proyectos concebidos para un número determinado de niveles que finalmente fueron autorizados con alturas muy superiores a las establecidas por la normativa vigente.

EL CASO DE GASCUE

De su lado Ottenwalder, como ejemplo de esa transformación, recordó que dedicó su tesis de grado, en 1975, al estudio de Gascue, cuando ese sector constituía uno de los mejores exponentes del modelo de ciudad jardín concebido para Santo Domingo pues calles arboladas, viviendas unifamiliares y espacios destinados a la convivencia definían un entorno cuya planificación privilegiaba la calidad de vida de sus residentes.

Afirmó que cinco décadas después esa visión ha sido sustituida por una intensa presión inmobiliaria que modifica la vocación residencial del sector y altera el equilibrio urbano para el cual fue concebido.

Señaló que Gascue ha experimentado un crecimiento urbano que desconoce las características originales del sector.

VE “FALTA DE ÉTICA”

Ottenwalder cuestionó la falta de ética profesional de algunos arquitectos y urbanistas que, a su juicio, subordinan los principios del ejercicio profesional a los intereses económicos de determinados inversionistas. Como ejemplo, mencionó el el Hotel Francés, inmueble ubicado en la Zona Colonial y parte del conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, cuyo derrumbe, afirmó, no generó las consecuencias que ameritaba.

A su juicio, la construcción de torres en áreas diseñadas para viviendas unifamiliares incrementa la presión sobre la infraestructura, el tránsito y los servicios públicos, además de reducir los espacios verdes y deteriorar la calidad de vida de sus habitantes.

PROTECCIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA

Al cierre de las entrevistas, ambos especialistas coincidieron en que desarrollo urbano no debe medirse únicamente por la cantidad de inversiones o nuevas edificaciones, sino también por su capacidad para proteger la memoria histórica, fortalecer la vida comunitaria y respetar las normas de ordenamiento territorial, de forma tal que el progreso no termine convirtiéndose en la expulsión silenciosa de quienes durante generaciones han dado identidad a sus barrios.

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