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¿Sabes comunicar sin perder el rumbo?

Por Néstor Estévez, locutor y comunicador de RD.

Para la inmensa mayoría de la gente, eso de “comunicar” tiene su “gustico”. Pero, ¿realmente sabemos comunicar sin perder el rumbo?

Recientemente he atendido algunas consultas de entidades que se sienten “enredadas en las patas de los caballos” en términos comunicacionales. En consecuencia, aunque cada caso tiene sus particularidades, en este breve escrito comparto algunas ideas sobre el tema.

Antes, para una organización comunitaria, por ejemplo, bastaba con anunciar una reunión, publicar una nota o repartir un volante. Hoy eso no alcanza. La gente está expuesta a miles de mensajes al día, las redes cambian sus reglas sin avisar y muchas causas justas se pierden entre memes, debates y publicidad.

Cada vez más, la sobrecarga de mensajes nos obliga a buscar nuevas y mejores formas de comunicación. Cuando casi todo se vuelve entretenimiento, mantener el foco es una verdadera odisea. ¿Cómo hacer para priorizar lo esencial y no sucumbir ante la avalancha de basura mediática? Hay un punto de partida clave: comunicar con propósito hoy exige escuchar, entender la cultura de la comunidad y construir confianza.

Advertencias

Existe una trampa muy común: confundir movimiento con resultado. Un video puede tener muchos “me gusta” y no cambiar nada. Una petición puede recibir firmas y no fortalecer la participación. Una campaña puede hacerse viral y, al poco tiempo, desaparecer sin dejar aprendizaje ni compromiso. A eso se le llama, en palabras sencillas, participación floja: la persona toca una pantalla, pero no se involucra de verdad.

También existe otra traba: las plataformas digitales no muestran todo por igual. Mediante algoritmos deciden qué aparece más y qué queda escondido. Es difícil saber con claridad por qué un contenido circula mucho y otro no. Por eso una organización no debe depender solo de lo que una red social quiera mostrar. Necesita una comunidad que busque su voz porque confía en ella.

Una tercera dificultad aparece cuando se quiere llamar la atención a cualquier precio. Eso ha llevado a que ahora todo parezca espectáculo. Y eso provoca que se pierda la esencia. Así es como la comunicación termina entreteniendo, pero no ayuda a comprender.

Cuatro pistas y una ñapa

Frente a eso, cuatro pistas resultan de alto valor. La primera pista es sencilla: escuchar antes de hablar. Necesitamos conocer qué siente la gente, qué teme, qué espera y qué palabras usa para nombrar sus problemas. Si una comunidad no se reconoce en el mensaje, ese mensaje no le sirve. La comunicación no debe ser “decirle”; debe nacer desde la vida diaria de esa comunidad.

La segunda pista es cuidar la reputación. La viralidad pasa rápido. La confianza dura más. Quien quiera generar confianza debe olvidarse de gritar todo el tiempo. La palabra pesa cuando demuestra coherencia, respeto y seriedad. La reputación se construye con mensajes claros, datos confirmados, promesas cumplidas y capacidad de reconocer errores.

La tercera pista es comunicar para hacer pensar, no para que obedezcan. La comunicación que agrega valor no trata a las personas como recipientes vacíos. Por eso las ayuda a hacerse preguntas, mirar mejor su realidad y decidir con más conciencia. Más que decir “ven”, “firma” o “comparte”, explica por qué una causa importa y cómo afecta la vida común.

Y la cuarta pista es unir razón y emoción. Los temas grandes, como derechos, ambiente, economía o desarrollo, pueden sonar lejanos. Por eso hay que conectarlos con hechos concretos: el agua que llega o no llega, el camino dañado, el bosque que protege, el empleo que falta, la escuela que necesita apoyo. Las ideas entran mejor cuando caminan junto a la realidad.

A modo de ñapa, una idea poderosa: cuando la gente habla desde su propia experiencia, la causa gana fuerza y humanidad. A la hora de comunicar para generar cambios, si el propósito está claro y la colectividad lo siente suyo, la clave está en que cada integrante del colectivo lo aborde desde su realidad.  

Finalmente, compartir experiencias, errores y señales de alerta ayuda a no depender de reglas ocultas. Comunicar bien hoy no es correr detrás del algoritmo. Es mantener claro el rumbo.

¿Quieres marcar la diferencia? No te dejes arrastrar por el ruido, escucha, explica, protege a tu gente y convierte cada mensaje en una oportunidad para fortalecer a tu comunidad.

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