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Un pueblo que no sale de una

Por: Petra Saviñón, periodista de RD.

Esta es una población siempre en el candelero o candelabro, pero eso sí, bien metida en la llama que no cesa, en la telaraña de un vaivén angustiante en el que discurre su diario transitar por este valle de lágrimas y claro, de risas.

La pobre nación va guiada o desguiada por gobernantes, tantas veces ciegos de raciocinio y tan clarividentes para lo que les conviene.  Estos días fluye entre las modificaciones al Código de Trabajo que generan tranque y disputas, las del Penal que sectores rechazan y el plan anticrisis. Nunca en sosiego.

Con el tema laboral, la cesantía es una retranca, un freno que mantiene paralizado el proyecto y la apuesta de los empresarios parece tendenciada a que cada vez el trabajador, el jornalero en esta esclavitud moderna, pierda más derechos adquiridos con sudor y hasta sangre.

Tiempo hace ya que la licencia médica con disfrute de sueldo fue reducida, so pena de descontar cada día de ausencia, lo que obliga a los empleados a acudir a trabajar enfermos. Pasó de sopetón y sin que nadie saliera a defender la salud, ese derecho humano inalienable.

Ahora llegan más vainas para un país que ve menguada su existencia en jornadas en las que alrededor del 75 % gana 30 mil pesos o menos.

Ahí, cerquita, en agosto entra en vigencia el Código Penal, un esfuerzo conjunto de sectores que clamaban porque el viejo napoleónico fuera mandado a dormir el sueño eterno, pero ya que viene su era, abunda el griterío por artículos definidos absurdos por grupos incluso adversos.

El rechazo llega hasta la parte en la que una persona es condenada por violación sexual si la pareja no consintió el acto. Las penas de inclusive 20 años son consideradas excesivas. Igual, las condenas por difamación e injuria y repudian no fuesen incluidas las tres casuales del aborto.

Para poner la tapa al pote, pues eso de pomo no es dominicano, llega el proyecto de ley de Medidas Pro-Crecimiento Económico, Simplificación Fiscal y Mitigación de la Crisis Internacional, un nombre largo para algo bautizado como “anticrisis” y luego desvirtuado a anticristo.

No es más que la propuesta que el Gobierno sometió al Congreso, que ya los senadores aprobaron a prisa para que así mismo lo hagan los diputados y con las que pretende paliar la situación económica que asegura agrava la guerra o masacre de Israel y Estados Unidos contra Irán.

Aquí sí que el llanto y el crujir de dientes ha sido fuerte. Mientras el ministro de Hacienda, Magín Díaz, dice que hasta la oposición apoya, políticos opositores, como era antes de tomar el cargo este funcionario, mandan a las autoridades a recortar privilegios y la nómina estatal.

 La gente ha mostrado su rechazo por donde quiera que puede hablar, entiende abusiva la decisión y esa subidera de precios a los combustibles muy previa a la presentación del plan y luego una más para congelarlos después por tres meses, pese a que el barril de petróleo baja.

Con todo esto que afronta este pueblo pobre y empobrecido, ¿habrá toro que llegue a buey?

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