Por Néstor Estévez, locutor de RD.
El Abrazo Sabanetero acaba de cumplir dieciocho años. No es solo un número. En República Dominicana, al menos para las personas, es mayoría de edad. Y la mayoría de edad no es únicamente celebración: es responsabilidad.
En la más reciente versión, como de costumbre, una multitud emocionada y emocionante acudió al Jardín Botánico Nacional. Allí se reafirmó el orgullo por la historia, la ganadería, la vocación para acoger, la música y otras múltiples razones que sostienen la identidad de Santiago Rodríguez.
Desde 2009, en torno al 22 de febrero, Día de la Sublevación de Sabaneta, personas vinculadas al territorio hemos convertido este encuentro en un espacio para reconocernos, fortalecer relaciones y alimentar la unidad necesaria para avanzar. Y algo debe estar claro: dieciocho ediciones consecutivas no se explican por inercia. Se explican por compromiso.
Por eso, antes de cualquier análisis, corresponde agradecer. Agradecer a quienes se caracterizan por su entrega silenciosa. A quienes han aportado tiempo, recursos e ideas. A quienes han asistido año tras año. Corresponde decir gracias a quienes, aun sin poder estar presentes, respaldan la iniciativa. Gracias a quienes se han ido integrando en distintas etapas y han ayudado a sostenerla.
El Abrazo Sabanetero no pertenece a una persona ni a un grupo. Es una construcción colectiva. Y esa es, precisamente, su mayor fortaleza.
Más que un símbolo
Hace algunos años describí a Santiago Rodríguez como “un pueblo que se abraza para avanzar con unidad”. La frase podía quedarse en consigna. Sin embargo, casi dos décadas de continuidad demuestran que no es simple retórica; es real vocación.
En un país donde muchos territorios apenas sobreviven o se diluyen en el tiempo, sostener durante dieciocho años un espacio voluntario de articulación es un logro social y hasta político (en el mejor sentido del término). Porque el desarrollo no depende únicamente de obras o presupuestos. Depende, en gran medida, de la calidad de los vínculos que sostienen la vida colectiva.
Zygmunt Bauman advertía sobre el “derretimiento de los sólidos”. Se refería a instituciones y valores que antes estructuraban la convivencia y que ahora ceden ante lógicas individualizadas. Eso explica que la ayuda mutua ya no parece aprenderse automáticamente; hay que cultivarla. Por eso la organización comunitaria ya no suele surgir como reflejo automático; tiene que ser decisión consciente.
En ese contexto, el Abrazo merece ser mucho más que un evento anual. El Abrazo nació y se ha mantenido como afirmación cultural frente a la fragmentación.
La responsabilidad de crecer
Karl Popper sostenía que el futuro está abierto y depende de nuestras decisiones presentes. Antonio Gramsci hablaba del “optimismo de la voluntad”. Ambos coinciden en algo esencial: el optimismo social no es ingenuidad, es responsabilidad.
Cumplir dieciocho años implica asumir que el entusiasmo debe traducirse en madurez. Que la emoción debe acompañarse de reflexión. Que la identidad debe dialogar con los desafíos actuales.
Santiago Rodríguez —como tantos territorios— enfrenta tensiones propias de nuestro tiempo: migración juvenil, presión económica, transformaciones culturales, individualización creciente. Frente a ese panorama, el Abrazo puede seguir siendo símbolo… o puede convertirse en plataforma renovada de articulación. Pero esa decisión no corresponde a una sola voz.
Si algo ha caracterizado esta iniciativa es su naturaleza participativa. Por eso, antes de entrar en una fase de propuestas estructuradas, resulta coherente abrir un espacio de escucha.
Un llamamiento necesario
Si el Abrazo ha alcanzado la mayoría de edad, ahora le corresponde ampliar su conversación. ¿Qué debe significar esta nueva etapa? ¿Cómo fortalecer lo logrado sin perder la esencia? ¿Qué hacer para integrar más activamente a las nuevas generaciones? ¿Cómo vincular identidad, cultura y desarrollo? ¿Cuáles inquietudes no estamos viendo? ¿Cuáles oportunidades estamos dejando pasar?
Este es el momento para pensar juntos. Invito a quienes han sido parte del Abrazo —y también a quienes aún no se han integrado— a compartir ideas, inquietudes, críticas constructivas y propuestas. La madurez de una iniciativa no se mide solo por los años transcurridos, sino por su capacidad para renovarse a partir de la inteligencia colectiva.
El Abrazo Sabanetero ha demostrado que la unidad es posible. Ahora toca demostrar que también puede evolucionar. Las puertas están abiertas. Las ideas son bienvenidas.








