Por: Orión Mejía, periodista de RD.
De Cuando se produjo el golpe de Estado contra el gobierno democrático del profesor de Juan Bosch, 25 de septiembre de 1963, recuerdo a obreros de un camión recolector de desechos a su paso por la calle Abreu, de San Carlos, lanzando a la calle zafacones repletos de basura, en protesta por esa asonada militar.
De mi memoria infantil extraigo también algunas escenas de represión policial contra jóvenes de la barriada que se movilizaron en reclamo del retorno de Bosch al Poder y de la de la Constitución política botada durante ese malogrado gobierno.
Casi dos años después, el 24 de abril de 1965, observé la multitud que desfilaba hacia la avenida teniente Amado García en dirección al Puente Duarte, en lo que sería el inicio de la Revolucion de Abril. Más tarde llevaron a su casa de la calle Damián del Castillo, el cadáver destrozado de Julio, impactado por una bomba.
El miércoles siguiente (la insurrección se desató un sábado), pude ver por una por una “rendija” del colmado de don Mariano, el tropel de vehículos y tropas estadounidenses, tiroteada al cruzar la calle Francisco Henríquez y Carvajal, con saldo de un yanqui herido y un muchacho del barrio muerto.
Han pasado 61 años desde cuando José Francisco Peña Gómez convocó, en una proclama por radio, a la población a respaldar al movimiento cívico militar que propugnaba por el retorno a la constitucionalidad sin elecciones, a lo que se oponía el Grupo San Isidro, dando origen a la Insurrección de Abril y después a la Guerra Patria.
En mi condición de niño no podía entender lo que ocurría ni menos las causas que motivaron esa revuelta, aunque entendí que mis hermanos se colocaron del lado bueno al empuñar las armas para unirse a la Revolucion, aunque mi abuela María Candelaria lloraba desconsoladamente al darlos por muertos.
Lo que se desató el 24 de abril fue un episodio bélico entre bandos del mismo país, que en apenas días se convirtió en guerra patria entre combatientes de un pueblo pequeño y pobre contra el ejército más poderoso del planeta, en la que resistir equivalía a la más contundente victoria política y militar.
Aunque formalmente concluyó el 3 de septiembre con la firma del Acta Institucional, la Revolucion Constitucionalista se prolongó en términos políticos por varios lustros porque las razones que la motivaron no fueron alcanzadas a causa de la invasión estadounidense, a saber: el retorno a la democracia y el fin de la corrupción, razón por la cual miles de jóvenes murieron por la represión política.
Todavía hoy los dominicanos tienen el compromiso de fortalecer la soberanía, erradicar el peculado, la pobreza, la iniquidad económica y social, mismos postulados que motivaron la insurrección de abril. Loor a los héroes y mártires de abril.









