Por: Ramón Cott, empresario de RD.
Luego de ver la presentación visual que usted publicó en X.com, entendemos que aún no se ha captado plenamente la intención de nuestro escrito anterior.
No hemos cuestionado sus objetivos. Al contrario: los respaldamos. Lo que hemos puesto sobre la mesa es otra cosa: los métodos. Porque una buena intención, por sí sola, no garantiza un buen resultado. Y cuando se trata de un proceso de esta magnitud, los métodos tienen que descansar sobre bases técnicas, estadísticas y operativas verdaderamente sólidas.
Valoramos, de entrada, la forma organizada y profesional en que usted expone los aspectos que considera fundamentales del proceso, entre ellos:
1. Verificación de datos de nacimiento y estado civil.
2. Control de calidad de la información.
3. Depuración por coincidencias cuando no existan cambios.
4. Validación cruzada entre el registro civil y el registro electoral.
5. Verificación biométrica mediante huellas y fotografía.
Todo eso suena correcto. Todo eso luce importante. Y, en efecto, lo es.
Pero aquí está el punto central: de nada sirve que el proceso esté bien explicado si no puede completarse a tiempo y con eficiencia.
La meta real es una sola: que el pueblo dominicano pueda votar con la nueva cédula en las elecciones de 2028. Ese es el objetivo verdadero. Ese es el punto que debe guiar todas las decisiones.
Porque si los pasos del 1 al 5 no desembocan en ese resultado, entonces el problema no es de intención, sino de ejecución.
Sabemos que no se está trabajando con algo simple. Esto no es una tarea menor. Pero precisamente por eso hace falta algo más que una exposición elegante del proceso. Hace falta un procedimiento verdaderamente eficiente, capaz de convertir esa visión en una realidad nacional.
Y aquí queremos ser enfáticos: este no es momento para vender tranquilidad; es momento para garantizar resultados.
A veces, alrededor de una buena gestión se levantan discursos muy bien estructurados, muy bien dichos, muy bien presentados, pero que terminan sirviendo más para justificar posibles fallas que para resolverlas. Y el país, en esta etapa, no necesita excusas bien redactadas. Necesita soluciones que funcionen.
No solo es importante cedular a los dominicanos antes de las elecciones. También es indispensable prever desde ahora los obstáculos que podrían usarse mañana para desacreditar, retrasar o debilitar todo el proceso.
1. El argumento de que “muchos no pudieron cedularse”
Es un hecho que, por distintas razones, muchas personas podrían alegar en su momento que no lograron renovar su cédula. Ese argumento debe ser desmontado desde ahora con planificación, cobertura, eficiencia y evidencia pública. Si no se enfrenta a tiempo, puede convertirse en una excusa poderosa contra el proceso.
2. La presión e incidencia de los partidos políticos
También es previsible que los partidos políticos utilicen todos los mecanismos a su alcance para incidir en una tarea tan delicada como esta. Porque, al final, aquí hay mucho en juego. Y no faltará quien prefiera que se llegue al 2028 votando con la cédula vieja.
3. El tiempo real no es el que parece
A simple vista podría decirse que faltan menos de 24 meses para las próximas elecciones. Pero en términos prácticos, el tiempo útil es mucho menor.
Dicho de manera sencilla: no hay 24 meses reales para resolver el problema. Hay, en la práctica, un período para cedular masivamente al pueblo dominicano y otro período para defender, consolidar y lograr la aceptación plena de ese proceso, de manera que la nueva cédula sea reconocida sin tropiezos como el único documento válido para votar.
Por eso insistimos: no basta con iniciar el proceso; hay que terminarlo bien, a tiempo y con legitimidad.
Reiteramos que no cuestionamos su intención. Pero toda gestión pública, por más honesta que sea, termina siendo tan fuerte o tan débil como el equipo que la rodea.
Ya no estamos en el siglo XX, cuando el lenguaje rebuscado podía impresionar a la opinión pública y hacer pasar por suficiente lo que en realidad no estaba resuelto.
Estamos viviendo una época distinta. La tecnología, la velocidad de la información y el nivel de vigilancia ciudadana exigen otra forma de actuar. Hoy no basta con hablar bonito. Hoy hay que demostrar que se puede hacer y que se está haciendo bien.
Por eso entendemos que el proceso debe apoyarse en cuatro pilares sencillos y concretos:
a) Definir con claridad los objetivos.
b) Identificar sin maquillaje las limitaciones reales.
c) Usar las herramientas disponibles para cerrar esa brecha.
d) Hacer viable todo lo anterior en términos económicos y operativos.
Solo después de responder con seriedad esos cuatro puntos se puede saber si realmente estamos en capacidad de enfrentar este reto y con qué probabilidad de éxito.
Eso no lo resuelve el lenguaje adornado. Lo resuelven los datos, la organización, la eficiencia y la voluntad de corregir a tiempo.
El país necesita una nueva cédula, sí. Pero más que eso, necesita un proceso que inspire confianza, que funcione en la práctica y que no deje espacio a la improvisación.
Porque al final, lo que está en juego no es solo un documento. Está en juego la confianza del pueblo en un proceso esencial para la vida democrática de la nación.
Muy atentamente,
Ing. Ramón Cott
Email: ramoncott@hotmail.com










