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¿Es bueno o malo buscar el “clic”?

Por Néstor Estévez, locutor y periodista de RD.

Parece que todo va demasiado rápido. Mensajes, publicaciones y videos compiten a toda hora por nuestra atención. En medio de ese ruido aparece un cruce de caminos. Por un lado, están las acciones guiadas por valores; por el otro, aquellas que persiguen la fama instantánea o el dinero fácil. Ante eso vale preguntarnos: ¿qué tipo de sociedad construimos con cada clic?

Dos caminos

La primera forma de actuar parte de principios conocidos: honestidad, respeto, justicia, verdad y bienestar común. Quien se guía por ellos se detiene antes de decidir y se pregunta. “¿Esto es correcto?” “¿Podría hacerle daño a alguien?” “¿Ayuda a que convivamos mejor?”.

Quien así actúa intenta hacer lo correcto, aunque nadie lo aplauda, su publicación reciba pocas reacciones o pierda oportunidad de ganar dinero rápido.

La otra manera responde a las reglas más agresivas del mundo digital. El empeño es conseguir el “clic”, el “me gusta” y la fama del momento. No interesa si algo es verdadero o respetuoso. A quien así actúa solo le importa llamar la atención, que “lo rieguen” y cuánto le dejará.

Y no es malo que un mensaje llegue lejos. El problema comienza cuando la fama se convierte en el único propósito, y sacrificamos la verdad o la dignidad para alcanzarla.

¿Pueden avanzar los valores?

A primera vista, parecería que los valores llevan las de perder. El chisme, el escándalo, la exageración y el enojo vuelan por las redes. Una reflexión serena avanza más despacio. Sin embargo, lo viral muchas veces dura lo mismo que un fósforo encendido: brilla, calienta un poco… y se apaga. Las acciones honestas quizás no produzcan ese estallido inmediato, pero construyen algo más valioso: confianza, respeto y credibilidad.

Claro, los valores tampoco deben quedarse en discursos bonitos. Hay que convertirlos en conductas concretas. Debemos actuar responsablemente cuando hacemos circular una información y cuando decidimos creer o compartir lo que recibimos.

Por si acaso, no invito a renunciar a la creatividad ni al humor. Ser ético no significa ser aburrido. Significa contar historias atractivas sin engañar, emocionar sin manipular y llamar la atención sin pasar por encima de otros.

Cinco preguntas antes de publicar

Antes de compartir una noticia, una fotografía, un video o un comentario, conviene detenerse unos segundos y pasar la decisión por cinco filtros: verdad, utilidad, respeto, coherencia y responsabilidad. Es tan sencillo como preguntar:

¿Lo que publicaré es real y puede comprobarse? ¿Aporta algo valioso o solamente busca provocar reacciones? ¿Estoy tratando con dignidad a las personas involucradas? ¿Mi comportamiento coincide con lo que defiendo públicamente? ¿He pensado en las consecuencias que esto puede tener?

La trampa del clic

Caer en la trampa de la “viralidad” resulta fácil porque suele presentarse con un disfraz atractivo: el del “éxito rápido”. Más seguidores, comentarios y visualizaciones… y la sensación de que todo marcha bien.

Pero hay señales de alerta. Una aparece cuando actuamos por impulso, sin verificar ni pensar. Otra, cuando exageramos un problema para provocar indignación o convertimos el dolor ajeno en espectáculo. También ocurre cuando dejamos de mirar a las personas como seres humanos y comenzamos a verlas solo como “seguidores”, “clientes”, números o máquinas de producir reacciones. O peor: como “zafacones” en donde lanzamos cualquier cosa.

La señal más clara llega cuando cambiamos lo que pensamos o defendemos para agradar a la multitud. En ese momento ya no usamos las redes para aportar o dialogar. Ahí perseguimos cualquier escándalo que nos permita seguir visibles, aunque esa visibilidad provoque daño.

¿Hacia dónde vamos?

Hoy por hoy, compiten dos modelos de sociedad: uno convierte nuestra atención en mercancía, premia el conflicto y celebra aquello que provoca reacción rápida. El otro entiende la comunicación como herramienta para escucharnos, comprender nuestras diferencias y convivir mejor.

¡Cuidado con echar la culpa a la tecnología! Un teléfono sirve para difundir una mentira o alertar sobre una injusticia. Una red social sirve para destruir una reputación o movilizar a una comunidad por una buena causa.

Eso significa que la responsabilidad sigue siendo nuestra. Es de quien publica, comenta, comparte o simplemente “le da pa’llá”. Tú y yo decidiremos qué clase de sociedad se acerca con el siguiente clic.

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