Por: Petra Saviñòn, periodista de RD.
La salud mental es fundamental para mantener el equilibrio en todos los aspectos de la vida, incluye la familia, la crianza de los hijos, víctimas de los trastornos de un padre o una madre que los descuida.
No solo están las patologías visibles que ponen en riesgo la vida de la prole con acciones temerarias que llevan hasta a la muerte. Hay otras situaciones, no siempre detectadas o comprendidas, que dañan a los niños y los marcan de modo definitivo.
La depresión, la ansiedad, la bipolaridad, quizás de los males menos entendidos, acarrean situaciones desoladoras que impactan el círculo familiar. Seres humanos afectados por estas condiciones terribles que les impiden hasta darle de comer a sus crías o que les llevan a perder la calma y a maltratarles.
Explotan para luego sufrir, porque saben que esa conducta es inapropiada, injustificada y cruel pero recaen una y otra y muchas veces y convierten su existencia y la de sus vástagos en un doloroso sentido.
Los pequeños crecen en medio de estas irregularidades, pero antes viven tantas veces en silencio un tormento desgarrador, que los condena inclusive a asumir la vida de adultos de forma precoz.
Pasan a ser cuidadores, a manejar la casa, desde pequeñitos, cocinan cuidan a sus hermanos y son criticados como grandes cuando cometen un error en esa faena que no debe ser su responsabilidad.
Como para acabar de completar la tragedia, reciben censuras y burlas de familiares, de la comunidad, de sus coetáneos y viven en medio de ese cuadro de espantos como quien merece tal castigo.
La vida no es un lecho de flores, está claro. Mas, para algunos no hay siquiera un capullito y su existencia es una vía de espinas.







