Por: Petra Saviñón, periodista de RD.
Este año coinciden la Cuaresma, los 40 días de Jesús en el desierto sin comer ni beber y el Ramadán, con ayuno de 12 horas por un mes, el que le da nombre a la conmemoración musulmana. Ambas celebraciones llaman a la paz, pero en contraposición corre la sangre entre monoteístas.
Estas fechas eligen practicantes del judaísmo, del cristianismo y del islam para llenar de violencia el mundo, con cruentos ataques en Irán, para reanudar un conflicto que las potencias y las naciones que no llegan a tal magnitud pidieron detener y lo hicieron, por breve tiempo.
Incluso, esas voces fueron levantadas con una fuerza más grande que las que llamaron a parar las embestidas israelíes en la franja de Gaza y que las que instaron a Hamas a desistir de su ofensiva, muy por debajo de la de su enemigo.
Israel cabeza del judaísmo, de donde nacen las religiones de un solo dios, ha usado su denominación de pueblo escogido para justificar acciones extremas que dejan miles de víctimas entre los gazatíes y en el país encuentra eco, apoyo de sectores y de algunos cristianos (pese que le mataron a Jesús).
Con el argumento de que es agredido primero, bombardea hospitales, escuelas y más lugares donde según sus reportes hallan cobijo extremistas palestinos y así entre misiles de un lado y de otro, el medio oriente escupe fuego y sangre que lastima también a Occidente.
Tiempo ha que los que profesan la fe legada por Abraham y segmentada en disimiles doctrinas, de la que sobresalen el judaísmo, cristianismo e islam, han convertido la tierra en lugar hostil. Esto sin contar con que las múltiples facciones de esas creencias también guerrean entre sí, incluso en periodos sacros, como ahora.
Durante la primera agresión a Irán, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, aliado al gobierno israelí, informó jactancioso que sabía dónde estaba el ayatollah Alí Hoseiní Jameneí pero que no lo matarían en ese momento.
Atar cabos lleva a la conclusión de que calcularon su muerte en frío, para dar un golpe inolvidable al mundo árabe. Lo mataron el 27 de febrero, (ramadán y viernes, día y mes sagrado de los muslimes). No pudo ser más exacto.
¿Qué dirá Jehovah, Yhwh, Alá desde las alturas o donde sea que viva, al ver cómo los que le adoran, de modo distinto pero le honran, desangran el mundo que afirman creó?








