Willie Colón, el icónico trombonista, arreglista, líder de banda y productor que fue uno de los pilares de la salsa, murió el sábado (21 de febrero) a los 75 años.
Su fallecimiento fue confirmado por su manager, Pietro Carlos, en un post en Facebook. “Willie no solo cambió la salsa”, escribió Carlos. “La expandió, la politizó, la vistió de crónicas urbanas y la llevó a escenarios donde nunca había estado. Su trombón era la voz del pueblo”.
Y no es una exageración. Colón fue un músico increíblemente talentoso que salió de una infancia difícil en el South Bronx para convertirse no solo en un intérprete magistral, sino en un visionario que tomó la música de sus padres puertorriqueños y supo cómo mezclarla con el jazz y el funk de Nueva York. No hay otro músico del legendario imperio Fania que represente tanto el sonido de la salsa que llevó la música latina a otro nivel en los 70, y que además la definiera como un artista completo. Aunque él mismo admitía que no era un gran cantante, escribía sus canciones, las arreglaba, las producía y tocaba su trombón como nadie más en la música latina.
Firmó con Fania cuando apenas tenía 15 años. Johnny Pacheco y Jerry Masucci, los fundadores del sello, vieron rápidamente su potencial y lo pusieron a producir no solo sus propios discos, sino también los de otros artistas. Entre sus éxitos más importantes están “Ché Ché Colé” y “Aguanile”, grabados con Héctor Lavoe en la voz; el álbum Celia y Willie junto a Celia Cruz; y, por supuesto, el revolucionario disco Siembra de 1978, que hizo con Rubén Blades y que incluye el éxito “Pedro Navaja”. Este álbum sigue siendo el disco de salsa más vendido de todos los tiempos.
Fue Colón quien presentó a Blades al mundo en el álbum Metiendo Mano de 1977, cuya portada muestra a Colón vestido como entrenador de boxeo levantando el brazo de Blades. Ese disco, producido por Colón y Jerry Masucci, fue el primero de cinco colaboraciones entre ellos (aunque eventualmente se separarían y hasta se demandarían, recientemente se habían reconciliado). Su primera canción, “Pablo Pueblo”, marcó el inicio de lo que sería conocido como salsa socialmente consciente, con mensajes que iban más allá del simple baile.
La vida de Colón, siempre conectada a su querida Nueva York, incluyó etapas polémicas en la política, el arte y el cine. Pero para él, todo partía de sus raíces y de la música. “Vengo de un barrio bien difícil”, dijo en una entrevista con Billboard hace unos años, explicando por qué tantas de sus portadas de discos y títulos mostraban imágenes de tipos rudos. “Mi papá estuvo en la cárcel. Casi todos iban a la cárcel. Muchos venían de la guerra de Corea y Vietnam; había un montón de drogas en las calles. Entonces esto era como una forma simbólica de mostrarle al mundo lo que estaba pasando. Como mi papá fue arrestado, mis amigos fueron arrestados, había mucha interacción entre nosotros y la policía. Yo podía ser un gánster malo en la música, pero sin hacerlo de verdad. Y como eso era parte de lo que estaba pasando, hizo que mi música fuera relevante”.
William Anthony Colón Román nació en Nueva York, hijo de padres puertorriqueños, y desde pequeño se interesó por la música después de que su abuela le regaló una trompeta a los 11 años. “Estudié música en la secundaria; no fui a ningún conservatorio ni nada”, me contó. “Conocí a un trompetista afroamericano en mi barrio que me escuchó tocando, tocó a mi puerta y se convirtió en mi mentor. Él me enseñó a leer música. Me encantaba ensayar con él. Y apenas aprendí a tocar un par de canciones, reuní a unos chicos y tocábamos mientras pasábamos el sombrero”.
Para cuando tenía 15 años ya tenía su propia banda y tocaba en circuitos juveniles, con su grupo y todo. Eventualmente, empezó a grabar por su cuenta y a buscar un sello discográfico.
“Y Herb Greenbaum, que era el ingeniero de la mayoría de los primeros discos de Fania, dijo: ‘¿Te importa si se lo toco a Jerry Masucci?’ Jerry escuchó una pista instrumental llamada ‘Jazzy’, y llevé a mi representante de negocios, que era mi mamá — una graduada de secundaria — y nos firmaron por 500 dólares”.
Johnny Pacheco, asignado para ser el productor de Colón, sugirió otro cantante, Héctor Lavoe. “Jerry [Masucci] nos convenció, y fue una gran combinación”, dijo Colón.
Colón trascendió los días de Fania, grabando más de 40 álbumes de estudio en su vida, y su música cruzó generaciones. El álbum de Rauw Alejandro Cosa Nuestra de 2024, por ejemplo, está directamente inspirado, tanto en concepto como en título, en el disco de Colón de 1970 del mismo nombre, cuya portada lo muestra en modo gánster sosteniendo lo que parece ser una funda de pistola junto a un cuerpo al lado del East River, pero que en realidad es una funda de trombón.
“Tu arte me inspiró y me guió”, escribió Alejandro en sus historias de Instagram. “Me enseñó que lo cultural también puede ser moderno, que la creatividad no tiene límite, que lo pular puede ser sofisticado y que la música, cuando se hace con verdad, queda para siempre”.
Un intérprete prolífico, Colón literalmente estuvo de gira hasta el día de su muerte. “A mí solo me importaba la música”, me dijo una vez.
Colón fue incorporado al Salón Internacional de la Música Latina, recibió el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación en 2004, y fue incluido en el Salón de la Fama de los Compositores Latinos en 2019.






