Cuando los de abajo son noticia y acaparan la atención

Por: Petra Saviñón, periodista de RD.

Como todo en la vida, la importancia de las cosas su valor, son a ‘asigún’, de acuerdo con quien las haga o diga, del impacto que pueden desatar y del provecho a sacar. 

Por eso, además de la jerarquía social y económica, del consabido afán de prestar atención a los problemas que afectan o tocan a gente “importante” o adinerada, un tema tiene la relevancia que le dan los medios y la que quieran otorgarle las autoridades. De ahí todos siguen esa guía.

Por ejemplo, las denuncias de familias empobrecidas sobre el poco o cero caso que hacen las autoridades a sus reclamos de justicia llenan las redes sociales, un canal plural en el que todos caben, para bien y para mal y que recoge dramas que desnudan la desigualdad.

Ese espacio acumula clamores que no siempre aparecen en los medios tradicionales y los que sí aparecen también. En ese conglomerado de publicaciones suelen estar las que involucran a gente pobre, claro que sí y con una gran dimensión

Esto, porque depende, como está escrito al principio, de la actitud de los que mandan, de los que están al frente de un organismo con competencia para decidir, para resolver, del respaldo de la prensa y claro, de la presión social.

Así, es posible que una familia desarrapada obtenga justicia pronta y real, que su demanda llegue a los que deben oírla y en cuestiones como entrega de resultados de autopsia, no esperen hasta cinco años, como pasa con tanta y lamentable frecuencia.

Más aun, hay precedentes de que, en casos sonoros, mediáticos, las necropsias han sido practicadas en el lugar del hallazgo y el reporte entregado en “tiempo record”. Esas, obvio, son excepciones.

Lo común es que la gente de abajo, ande de un sitio a otro, en busca de una respuesta que los que están al frente del Estado les niega y que su dolor agrande con tanta indolencia, con tanto desdén, de tanto hacerles sentir que escucharles es un favor.

Porque encima, reciben maltrato de los que están para servir, de los que cobran para ser útiles con el dinero generado por ese mismo pueblo que vejan. Sí, aunque parezca planfleto esta frase. Es una verdad grandota, tanto como la ineficacia que permea al servicio estatal.